Trabajo de investigación y producción teatral escrito y dirigido por Igor Martínez
URAO es un espectáculo escrito y dirigido por Igor Martínez, coproducido con la Compañía Nacional de Teatro, que recrea el origen mítico de la Laguna de Urao, ubicada en Lagunillas, estado Mérida, Venezuela. La obra surge de un proceso de investigación sobre los relatos, mitos y tradiciones vinculados con este espacio emblemático de los Andes venezolanos, así como sobre las comunidades indígenas prehispánicas y los personajes fantásticos que conforman su imaginario.
La dramaturgia aborda el nacimiento de la laguna desde dos perspectivas legendarias, articuladas en dos momentos: «El origen» y «El cataclismo».
En «El origen», inspirado en los escritos de Tulio Febres Cordero, se recrea la leyenda según la cual las vírgenes de Motatán, conmovidas por la desventura de su pueblo tras ser derrotado por los bravos Timotes, lloraron hasta formar con sus lágrimas la misteriosa Laguna de Urao. El agua aparece así como expresión del dolor, la memoria y el nacimiento de un espacio destinado a adquirir una dimensión sagrada.
La segunda parte, «El cataclismo», propone otra visión mítica: una entidad proveniente de la Vía Láctea desciende sobre la laguna y establece su supremacía ante la tribu indígena Jamuén, primeros pobladores del territorio que actualmente conocemos como Lagunillas. Ambas historias confluyen en un universo donde mito, naturaleza y memoria ancestral permiten construir teatralmente una interpretación fantástica del origen de la laguna.
Concepción escénica
URAO fue concebida desde los principios del teatro ritual, con posibilidades de representación tanto en espacios convencionales como no convencionales. Su propuesta surge del estudio de la mitología merideña y de las tradiciones populares de los Andes venezolanos, trasladadas a escena no desde una intención de reproducción histórica, sino desde la construcción de un lenguaje simbólico.
La puesta en escena se sustenta fundamentalmente en el cuerpo, la palabra y la acción del intérprete. El proceso de creación parte de una serie de ejercicios de teatro físico destinados a desarrollar un código de acciones psicofísicas capaz de responder tanto a las exigencias de la dramaturgia como a las necesidades expresivas de la dirección y del trabajo actoral.
Estos ejercicios se convierten progresivamente en claves simbólicas del discurso escénico. A partir de ellos, cinco actores y dos actrices construyen un universo interpretativo en el que confluyen organicidad corporal, acción, emoción, narración, poesía y palabra dramática. El intérprete no se limita, por tanto, a representar un personaje: participa en la elaboración de un lenguaje escénico capaz de materializar corporalmente los símbolos contenidos en el mito.
El mito como lenguaje
En URAO, texto, cuerpo y palabra poseen una significación particular. La puesta en escena busca honrar las historias míticas transmitidas por la tradición oral y escrita de los Andes venezolanos, pero evitando trasladarlas literalmente al escenario.
Aunque la obra parte de una leyenda, su universo no pretende reproducir la realidad. El misticismo, la magia y el imaginario constituyen elementos esenciales para hacer visible aquello que pertenece al territorio del mito. La escena se convierte así en un espacio fronterizo entre lo reconocible y lo fantástico, entre la memoria de un territorio y las imágenes creadas a partir de ella.
La naturaleza constituye el principal referente de este lenguaje. El agua y la tierra, elementos fundamentales en las historias que dan origen a la obra, determinan buena parte de su universo visual y simbólico. Desde ellos emerge una visión particular de la Pachamama, evocada mediante colores, texturas, cuerpos y contrastes.
Universo plástico
La Dirección de Arte, realizada por Jony Parra, fue concebida en correspondencia con la atmósfera mágica y ritual de la obra. La propuesta estética parte de elementos reconocibles de la naturaleza andina para transformarlos mediante la fantasía y el imaginario.
Los cuerpos de los intérpretes son intervenidos cromáticamente como si un arcoíris se desvaneciera sobre ellos. Verdes, azules, naranjas, ocres y marrones evocan simultáneamente la tierra, el agua y el paisaje de los Andes. Los personajes indígenas no pretenden reproducir una imagen documental o arqueológica: sus cuerpos se convierten en analogías visuales de la relación entre naturaleza, humanidad y mito.
Esta concepción cromática trasciende el maquillaje corporal y se extiende al vestuario, la utilería y los accesorios, de manera que cada elemento forma parte de un mismo universo plástico. Nada pretende reproducir íntegramente la realidad: URAO representa el mito, la leyenda y el imaginario construido alrededor de ellos.
La iluminación participa de esta misma concepción ritual. El fuego natural de las antorchas dialoga con atmósferas lumínicas construidas mediante tonalidades naranja, ámbar y azul, envolviendo a los personajes en el clima de misterio y sacralidad requerido por la historia.








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